La belleza perfecta está en tu cabeza

“Beauty lies in the eye of the beholder”

“Espejito, espejito, dime quién es la más bella” Célebre frase Disneylandesa que le da el poder absoluto a un espejo para decidir sobre la belleza del reino entero. El mismo poder que le damos nosotros a los demás para juzgar nuestro físico. Lo hacemos de manera inconsciente claro, pero dejamos que sea la sociedad quien tome el rol de juez en nuestras vidas, se encargue de establecer los estándares de belleza y decida si nosotros cumplimos con ellos o no. Nos esforzamos por entrar en sus márgenes, para obtener la aceptación de quienes nos rodean. Nos vestimos, peinamos, arreglamos y, en general, buscamos vernos en cierta forma que encaje con el concepto que queremos proyectar. Aspiramos a un modelo de belleza irreal que, precisamente por ser irreal, nos lleva a la constante lucha entre el ‘cómo me veo’ y ‘cómo me quiero ver’.

La belleza es una noción amplia, compleja y abstracta que con tristeza se ha visto muy limitada, excesivamente reducida y prefabricada. En los últimos años la influencia agresiva de los medios se ha encargado de establecernos un estándar de belleza tan preciso y exacto que inconscientemente rechazamos cualquier forma que sea diferente, o sea, que no esté dentro de los parámetros establecidos. Rendimos culto a los cuerpos estilizados, rostros perfectamente simétricos, cabelleras impecables, ojos por lo general claros y pieles artificialmente bronceadas. Pero, sinceramente, ¿Cuántos de nosotros encajamos en ese concepto? Todos somos diferentes y parece ser que los términos bonito, guapo, hermoso, bello, están sólo al alcance de unos cuantos.

Juzgamos en base a un concepto inexistente todo lo que nos rodea, los lugares, las personas y a nosotros mismos. ¿Por qué concepto inexistente? La belleza es real, por supuesto, sin embargo ¿Cuánto de lo que vemos o consideramos hermoso es verdadero? Empezando por los redes sociales que están llenas de personas guapísimas, vistiendo las mejores marcas, maquilladas de pies a cabeza, viviendo las mejores de las vidas y que pasan la existencia siendo felices y exitosos. Y ya no hablo solamente de los artistas, modelos, millonarios, también nosotros formamos parte de ese círculo engañoso de “Soy perfecto y mi vida no podría ser mejor”.  Tomamos fotos de los lugares que visitamos, la comida que comemos, lo que hacemos y encima de todo esto están las famosas selfies. Acomodamos todo meticulosamente antes de hacer la foto y una vez tomada la editamos hasta que se ve PER-FEC-TA. Todo tiene que ser bello a nuestro al rededor, importa más cómo se ve en la foto que en la realidad.

Admito que de niña nunca estuve conforme con el tono de mi piel, no quería ser morena, quería una tez clara. Trataba siempre de no ‘quemarme’ al ir a la playa o a la alberca  y me ponía cuanto bloqueador existiera, obviamente nada de esas cosas me funcionaba y por naturaleza volvía siempre renegrida de las vacaciones y parecía hija de Obama. Me sentía mal, literal, por ser morena, no porque alguien hiciera referencia al tono de mi piel o me discriminara, sino simplemente por el hecho de saber que en la sociedad son más y mejor aceptadas las personas con la piel clara, o bueno, por lo menos eso pensaba yo de niña. Nunca olvidaré que no fue hasta el día en que mi santa madre me dijo: “El color de tu piel es hermoso” que lo acepté y lo amé. ¿Es posible que alguien a tan corta edad se sienta ya, en cierta manera, menos que otro por algo que ni siquiera está en su persona cambiar? Y así vivimos muchas veces queriendo modificar cosas en nosotros, solamente porque a otra persona se le ocurrió que lo bonito tiene sólo una forma.

Es verdad, el espejo no miente pero, al final del día somos nosotros quienes escogemos estar conformes o inconformes con la manera en la que nos vemos. Siempre podemos mejorar nuestro aspecto, ir al gym, tener una dieta saludable, arreglarnos el cabello, las niñas maquillarse, vestirnos mejor, alguno que otro “arreglito” quirúrgico, ¿Por qué no? Sin embargo, si no nos aceptamos tal y como somos, si no nos sentimos hermosos así sin más, entonces ningún arreglo, ni mil horas de gimnasio, ni comiendo pura frutita vamos a estar conformes.

Hagamos las pases con el espejo, querámonos como somos, seamos nuestro fan #1, digámosnos cosas bonitas, si no lo hacemos nosotros ¿Entonces quién? #foreveralone ¡ja! y aunque siempre habrá alguien que se vea mejor que nosotros ¡Qué nos importa! saquemos el máximo provecho a lo que nos dieron nuestros padres y seamos felices. No tratemos de vernos como alguien más, tratemos de vernos como la mejor versión de nosotros mismos y así seguramente también los demás lo verán.

You’re beautiful & i love you! :* 

I.

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16 thoughts on “La belleza perfecta está en tu cabeza

  1. Muy padre articulo! 🙂 y siii la belleza existe pero es subjetiva, se ahi todas las variantes, es como ver una obra de arte, a algunos les puede gustar pero a otros no les parece… Tienes mucha razon en lo que pusiste en que le saquemos provecho a lo que nuestros padres nos dieron y hacer la mejor version de nosotros 🙂 gracias!

  2. Buen artículo Irma!! Recordé: Cuántas veces vemos a unos “cuerazos” de hombre, con una “no tan agraciada” mujer?
    😃

  3. Un articulo muy interesante Irmita, me gusta como escribes, y es verdad, la belleza interior es la mejor y la que siempre dura, aunque nunca hay que dejar de lado el sacarnos el mayor partido pisible 🙂

  4. Me encantooooo!! Precisamente de eso estabamos platicando mi mama y yo en la mañana. Super acertado como abordas el tema.

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